sábado, 6 de junio de 2009

La paloma que un día ayudé

Era una noche mágica casi de aquellas que se pueden decir, la mejor noche. Era un niño, así que haber comido dulces y haber echo travesuras con mis primos era lo mas dulce que puedo haber definido como un noche linda, Grossa y tierna.


Mamá solía contarme un relato para dormir soñando con seres de una fabula hermosa, pero a veces se olvidaba de decirme que era cierto y que no, como el cuento de la caperucita que hasta el día de hoy pensé que los hechos habían sucedido en la misma cuadra de mi casa, pero no fue así y me daba una desilusión.


Pero fue una noche cuando después de haber oído cuentos emerger de la boca de mi madre me quede profundamente dormido, y fue alrededor de las 5 de la mañana que desperté por pequeños ruidos tan silenciosos como el susurro de un beso. Tan intranquilos por momentos que los confundía con pequeñas voces en mis sueños, pero que logre saber que no eran así y que alguien me llamaba tocando la ventana de mi balcón.


Mis ojos aun estaban en un sueño que había tenido que terminar sin que yo digiera basta por hoy, pero todo eso se acabo cuando frente a mi obtenía la silueta de una pequeña ave que había sufrido la envestida de una piedra y que había provocado que una de sus alas este lastimada y con algo de sangre. Le abrí la ventana y la lleve hacia mi cama. Hay le pregunté como había logrado llegar a mi balcón a lo que ella me respondió con algo de lagrimas en los ojos… necesito ayuda, por favor ayúdame a recuperar.


Quería comentarle a mamá lo que había pasado, pero no me atrevía a hacerlo, todos los días a cabo de una semana le llevaba algo de mi cena a la cual el ave le agradaba mucho y siempre me decía gracias. Yo dormía cerca de ella o mejor dicho ella dormía en la misma cama, cada vez que mamá salía de la habitación yo la recogía de debajo de la cama y la ponía en la almohada abrigándola con mi frazada y mi propio calor del cuerpo.


Me sentía como un padre aunque estuviera cerca o lejos de la realidad. Todos los días que ella estuvo conmigo la atendí de la mejor manera, cada vez que regresaba de la escuela le preguntaba como estaba y ella siempre me respondía que cada día se sentía mejor. Yo por dentro me sentía alegre de que ella me digiera eso, aunque me daba pena porque cuando estuviese bien se iría de casa. Cuando me daba tiempo me hacia el dormido y cuando mamá se retiraba, aparte de acostarme a su lado, le contaba pequeñas historias y lo hacia con suaves cánticos parecidos a los que hacia ella cuando se quejaba de dolor.

Era el quinto día que el ave estaba en casa y ese día la pasaría con ella el mayor tiempo ya que era sábado y no tenía escuela. Conversando con ella le di a interpretar que le diría a mamá para que ella con sus delicadas manos la ayude a sanar, pero ella no lo quiso y me hizo sentir un poco mal.


Yo confiaba en mamá para todo, ella era como un dios ya que cuando me sentía mal siempre estaba pendiente de mí y con sus manos me aliviaba el dolor.


Esa noche le conté a mama lo sucedido ya que ella sospechaba algo, puesto que había encontrado restos de desechos del ave en mi habitación, a lo que yo dije que eran pequeños trozos de basura que se pegaron en los zapatos. Pero ese día le dije la verdad y mamá puso un rostro que me decía muchas cosas, pero que nunca las dijo y mi papá sonriendo mencionó que era una travesura de niño y nada más.


Esa misma noche fuimos con mi mamá a la habitación y platicamos con el ave, la cual daba impresión de sentir cierto temor. Cuando se retiro mamá la paloma se puso a conversar conmigo y se disculpaba por pensar que mi mamá era una mala persona como lo fueron los señores que le habían lanzado la piedra mientras ella estaba dormida en un cable de luz. Luego de disculparse ambos nos quedamos dormidos pero yo pensaba y soñaba como nos divertiríamos el domingo en el parque.


Para cuando desperté observe que el ave ya no estaba en mi habitación y corrí como un loco por la casa, cuando llegue hasta mamá me dijo que mi padre la había llevado al veterinario y que ya estaban de regreso. Un alivio sentí en el pecho y un gran amor por mis padres.


Cuando llego papá sonriendo pude adivinar que tenía buenas noticias para mí y en verdad así fue, me dijo que el veterinario le había dicho que la paloma se encontraba bien y ya no tenía dificultad al volar. Tome la noticia bien pero con algo de tristeza, la lleve a mi cuarto y le di de comer, en unos instantes se quedo dormida.


Mientras la miraba yo también me quede dormido, había echo ya mis tareas e ir al parque ya no me hacia sonreír. Cuando me levanté vi la ventana abierta y la paloma no estaba. Fui corriendo a buscar a mis padres los cuales me dijeron que mientras yo dormía la paloma les dio las gracias y que le daba pena despedirse de mí, tenia que regresar con los suyos.


Así murió el día y también mi alegría. La palomita de la cual me había echo su amigo no se había despedido de mi, y es mas no se, si yo la hubiese dejado ir. Esa noche no pude dormir tranquilo, eran las 12 de la noche cuando escuché que alguien llamaba a la ventana de mi habitación y cuando me di cuenta pude ver que era la palomita a la cual había ayudado a recuperar.


Me dijo que yo tenia unos padres muy bellos y que le daba alegría que así fuera, que la perdoné por no haberse despedido por la tarde, pero que ahora lo hacia. Me dijo que me vendría a visitar cada vez que pudiese pero esas palabras se las llevo el viento, cuando se retiro pude sentir alegría de saber que tenia seres similar a ella y esa era su familia.


Cada vez que me levanto por las mañanas trato de pensar que ella esta debajo de mi cama, aunque se que no es así. Donde este, espero esté bien y un día se acuerde de mí y me venga a visitar, yo aun la recuerdo y espero este volando tal cual bella sombra que se ve en el cielo cuando las aves vuelan por los aires del cielo.

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